17 de diciembre de 2011

Donación de órganos | Libro: Desde los nadis

OFRÉCEME un ojo o un clavel de tu carne
(o tu diente marfil superior, que es
la piedra que más venero y amo)
para que antes o después
me desplome ante tu icono de fango
me deshaga en tu colchón por pelos o en tranvía
y descubra sobre tu escote o valle o nido
la distancia exacta que media
entre todos tus hallazgos de sudor y
las alquimias de sonrojarte con
ese calor QUE TREPA FRÍO HASTA LOS OÍDOS.
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