23 de septiembre de 2011

Delirien-Walzer | Libro: Dolores y nubes

No fue fácil decirte que me moría.
Te lo tomaste a guasa: "siempre tan romántico", decías.

Entonces vino el africano de la entrepierna a saludarte.
Y comprendiste lo enfermo que estaba.

Con pericia me diste grasa y calor de hormigas.
Retumbé como un asno sumergido en tu lodo.

Después fumamos cartas de amor.
Susurros plata.
Nos empalagamos de nubes.

Tu cintura fue lecho donde apaciguar anguilas.

Y la noche dio más de doce campanadas.
Y varias vueltas de vals.

Me fui por el sumidero o claraboya.
Te fuiste con un candelabro en las pestañas y
una garrapata feliz en tu carne.


Creo que nos dormimos con la luz incendiada.
Abrazados como grúas.


Por la mañana desayunamos una ducha ardiente.
El vaso dio reflejos de alto colibrí.

Y al ver cómo devoraba yo la persiana
dijiste: "tú siempre tan romántico".


Finalmente, nos cambiamos la pulsera del reloj y
nos fuimos cada uno por su atajo
a trabajar las almendras.
............

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