23 de septiembre de 2011

Delirien-Walzer | Libro: Dolores y nubes

No fue fácil decirte que me moría.
Te lo tomaste a guasa: "siempre tan romántico", decías.

Entonces vino el africano de la entrepierna a saludarte.
Y comprendiste lo enfermo que estaba.

Con pericia me diste grasa y calor de hormigas.
Retumbé como un asno sumergido en tu lodo.

Después fumamos cartas de amor.
Susurros plata.
Nos empalagamos de nubes.

Tu cintura fue lecho donde apaciguar anguilas.

Y la noche dio más de doce campanadas.
Y varias vueltas de vals.

Me fui por el sumidero o claraboya.
Te fuiste con un candelabro en las pestañas y
una garrapata feliz en tu carne.


Creo que nos dormimos con la luz incendiada.
Abrazados como grúas.


Por la mañana desayunamos una ducha ardiente.
El vaso dio reflejos de alto colibrí.

Y al ver cómo devoraba yo la persiana
dijiste: "tú siempre tan romántico".


Finalmente, nos cambiamos la pulsera del reloj y
nos fuimos cada uno por su atajo
a trabajar las almendras.
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9 de septiembre de 2011

Paréntesis de tabaco | Libro: El inciso de metal

Tensar una línea
con el humo del tabaco
y que la línea te lleve a la muerte.

Una muerte tan dulce
como una siesta.

Una muerte
que dure tan poco,
que sea tan mentira,
mentira tan dulce,
como el sueño descabezado
contra el cristal de un vagón.

Muerte dulce,
dulce entre humo,
humo de tabaco,
que te convierte en un pequeño dios
volatilizado,
suspendido entre el humo,
humo de tabaco.
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6 de septiembre de 2011

Al acecho | Libro: Niño malo

como una gaviota
ni juan ni salvador
vuelo entre los ruidos quebrados del tráfico
entre las prisas y los semáforos

con los dientes apretados
husmeo entre los remolinos de las horas punta
para caer empicado
sobre una posible media naranja

como una pantera en celo
giro por calles
reboto entre edificios y colinas
te busco ardiente
por horizontes de ladrillo

hasta que creo
que te he encontrado

entonces
te persigo
me arrastro como un puma erecto
con las garras bien afiladas

oculto entre la hojarasca
acecho los vaivenes
de tus olas dentro de la minifalda

la huella
que tus piernas desnudas dejan en el aire
me meten en el ensueño
en la caja azul
en el cine dentro de la cabeza
donde te tengo más presente
acorralada
más penetrantes tus ojos

entro en la misma prisión de siempre
donde siento el ligazón
la furia
la necesidad
de verte otra vez más
tendida sobre la hierba
llena de aceite
los labios húmedos
esperándome
susurrándome
abriéndome boquetes de miel
pidiéndome que retrocedamos al origen del mundo
cuando no había palabras
solamente existía el hambre
tú eras la arcilla
y yo la estaca
y juntos
matábamos el hambre
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1 de septiembre de 2011

Sentido común | Libro: Kulo de zebra

Estamos creando fantasmas sobre el sexo de los aviones
y la ropa no avanza.

Así que dejémonos de charangas
pasodobles y perdonarle la vida a cada minuto muerto.

Midamos las palabras con una plomada.

Dejémonos de coñas aéreas y vamos al helipuerto
a tomarnos un güisqui con cabezas de hielo
mucha sabrosura
bésame mucho
y hoy
sí que llevo los condones.
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