25 de agosto de 2011

Blancanieves en pantys | Libro: Kulo de zebra

Hace un frío mermelada que se unta hasta
en los tuétanos de las pestañas.

Pero como besarte era una tentación de estrechar mimbre
y los domingos son una insípida mortadela
me sofrolizo mutuamente.


Recuerdo que las nubes podían ser de nube
y las girafas tenían cuello de jirafa
un café siempre sabía a café
(es más: llevar bigote suponía ser gravemente bigotudo
y barba livianamente barbudo).

Hay quien pensaba que tener el monte de venus afeitado
podía ser una eficaz medida de higiene o
también una manera de re-montarse a la niñez.

-Siempre disfruté leyendo ali babá y los cuarenta cojones-.

(Yo creo que me duele un ojo de tanto bizquear lolitas).

Los tomates
se ponían rojos como tomates
cada vez que de una huerta pisada por bueyes
salían pelos azules
en las manzanas envenenadas.


Sin embargo
los cuentos infantiles siempre me parecieron escasos
y que ocultaban lo que era realmente importante.

Buscando en las enciclopedias modernas
comprendí que supermán se fecundaba a king-kong
batman se pintaba las uñas con moñigas de mosca
y bambi se lamía las heridas
de una violación tan anal como asnal.

Eran los días felices de whalt disney
cuando soñaba con canguros y cigüeñas
y varios pelotones de hembras todoterreno.

Qué decir de peter pan
si era un pepino volador
con mofletes de membrillo
y cabellos de tocino.


Aún así
a mí me gustan
me enloquecen
me pirran
me nublan
me desnivelan
las cebras
porque siempre van en leotardos
llevan los ojos pintados
y huelen a recién despiertas.
............

0 comentarios:

Publicar un comentario